Los voceros del “patriotismo light”

La historia de Cuba, rica en ejemplos de lucha y entrega sin límites a la preservación de la patria, como madre suprema e inspiradora, también ha estado poblada de una triste historia de neoconservadurismo , que ha alcanzado matices notables tanto en la política, como en la cultura.
Es una herencia perversa que viene desde las alternativas reformistas en épocas de la colonia hasta los pseudo – ideológos de la burguesía neocolonial, proponen lo que ha dado por llamar Guillermo Rodríguez Rivera, como “una suerte de patriotismo light” que se opone enconadamente a las posiciones firmemente patrioticas que ya se tenían en siglos anteriores (basicamente encabezadas por José Martí) y que se tienen hoy, indiscutiblemente lideradas por Fidel Castro.
El objetivo es siempre el mismo, es ir arrimando las posiciones de izquierda a los bordes del abismo habilmente preperado; para que una vez allí, flaqueadas ya sus fuerzas dejen de ser creibles. Con ese fin se agrupan los voceros de esas posiciones suaves, descafeinando las consignas revolucionarias, satanizando a los que se afincan a la única orilla posible para los del lado pobre de este desigual planeta, un mundo donde solo existen dos márgenes ideológicos conocidos, aunque en esas riveras puedan existir matices.
Más allá del dinero, que todos sabemos existe, estos portavoces pretenden conseguir un insano protagonismo, sumando seguidores que nutren el conocido coro que casi siempre se arma alrededor de los escándalos. Andan tras una notoriedad que es bien recibida y aplaudida por los que, lejos de cualquier espíritu conciliatorio, aplauden al centro desde la extrema derecha.

APLICANDO EL “BORRADO SEGURO”

 

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Cuando en el verano de 1989, el politólogo Francis Fukuyama (Chicago, 1952), muy bien catalogado por Fidel como “halcón del neoconservadurismo y promotor del pensamiento único” publicó el libro El fin de la historia y el último hombre (1992), en medio del hundimiento del campo socialista, no hacía más que reforzar una estrategia imperialista muy bien pensada: el borrado de la historia real y su reescritura a la medida de los intereses de la derecha internacional.
Un aparato propagandístico y de inteligencia muy bien engrasado y poderosamente financiado por los centros de poder mundial multiplicaron los esfuerzos para ir cambiando de forma paulatina y en el más breve tiempo las matrices de opinión y los puntos de vista que las nuevas generaciones pudieran tener sobre importantes acontecimientos de la historia contemporánea.
La más fuerte ofensiva debía comenzar haciendo, como reza el refrán; leña del árbol caído, el recién destruido poder soviético, por tanto era preciso con urgencia desmontar el papel real de la URSS en la derrota del fascismo. Los millones que aún estaban convencidos de que esta fue la potencia realmente ganadora de la Segunda Guerra Mundial, debían comenzar a dudar, a cambiar de bando o a sentirse impotentes ante las interrogantes de sus hijos al respecto.
Frente a la imposibilidad de eliminar de golpe y porrazo las hazañas del Ejército Rojo, se comenzó a minar poco a poco la verdad sobre esa guerra; así se ha ido imponiendo en círculos de prensa occidental (predominante) la idea de que la culpa del inicio de esa conflagración correspondió en partes iguales a la Alemania nazi y a la Unión Soviética, por la firma del Pacto Ribbentrop-Mólotov en 1939.
Decenas de nuevos documentales de cadenas televisivas fundamentalmente norteamericanas se encargan de asignar un papel feroz a los soldados soviéticos sobre los derrotados alemanes en Stalingrado o en Berlín, a la vez que son cada vez menos los materiales históricos de esa misma factura que abordan de manera objetiva el protagonismo soviético. Iguales ideas son “inyectadas” en miles de artículos y libros de reciente publicación.
Lamentablemente los resultados de tan agresiva campaña van siendo los esperados por sus promotores, del 20 de marzo al 9 de abril de 2015 una encuestadora británica, ICM Research, dio a conocer que un 43% de los encuestados dijo que el Ejército de Estados Unidos jugó el papel principal en la liberación de Europa en 1945.
Sucesivamente la estrategia ha ido evolucionando y alcanzando uno tras otro numerosos capítulos de la historia, aplicando a cada uno el “borrado seguro”: la la guerra de Vietnam y las aventuras bélicas en el Golfo Pérsico son buenos ejemplos. Cuba está en el punto de mira desde hace ya un buen tiempo, confían que al desaparecer la dirección histórica de la Revolución el país se quedará sin asideros en materia ideológica y los más jóvenes sucumbirán ante las dudas planteadas.
En los últimos años, fundamentalmente en las redes sociales, ha comenzado a proliferar la idea de que nuestro país y especialmente La Habana, resultaban verdaderos idilios de bienestar y próspero desarrollo, numerosos videos muestran una Capital de los años 50 con vivos colores, iluminadas avenidas y gentes felices, ninguno de ellos muestra la otra Habana, la de un país donde según cifras oficiales bastante exactas, obtenidas en el censo de 1953, el analfabetismo era del 23,6% de una población de cinco millones de habitantes, sin contar los semianalfabetos, personas que apenas podían leer tres palabras o escribir su nombre.
Jamás refieren la tasa de mortalidad infantil que según cifras oficiales era de 60 (inferior hoy a seis por cada mil nacidos vivos). Por supuesto, en esa imagen idílica no caben la prostitución, el juego, la mendicidad, los niños limpiabotas o vendiendo periódicos, los discapacitados en las calles viviendo de la caridad pública, ni otras realidades cotidianas de aquellos tiempos, con miles de jóvenes brutalmente asesinados por la dictadura de Fulgencio Batista.
La maquinaria está en marcha, el fin es bastante claro y declarado, las nuevas generaciones deben creer a toda costa que la Revolución fue un retroceso histórico, que ha de regresar el capitalismo para retornar a la “próspera Cuba” de los Yanquis, por suerte tenemos memoria y no debemos perderla nunca.

EN MI ORILLA

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Nadar  entre dos aguas; es, según los principales diccionarios de dichos y refranes  “la habilidad de una persona para sortear complicaciones sin entrar en ellas o para no expresar una opinión clara”, es un término que usamos bastante en Cuba para los que suelen situarse en el bando de los camaleones.

Los que, en medio de la batalla de pensamiento que se nos  hace, deciden acomodarse en el centro y desde allí pretenden conservar su estatus sin reales enfrentamientos con ninguno de los dos bandos, son en realidad oportunistas, pues ningún sinónimo se ajusta mejor para los llamados “centristas de estos tiempos”.

Recuerdo que hace algunos meses  leí en  un diario comunista de América Latina que la tentación de transformarse en administradores “de izquierda” de los planes de ajuste del imperialismo, es un mecanismo sutil pero muy dañino.

La adopción frecuente de enfoques inacabados, a medio camino entre las posiciones antagónicas, aleja a estas personas de la orilla concreta de este río complicado donde nadamos todos y en el cual lógicamente solo tenemos dos lados.

Si las actitudes francas, tajantes e intransigentes de los que vamos hasta el fondo a la hora de afincarnos a nuestro margen  provocan fobia en los del “centro”, que buscan erigirse en una especia de árbitros, tendrán que lidiar con este asunto pues nunca será la ambigüedad el recurso de los que asumimos aquella máxima de Fidel en sus palabras a los intelectuales. “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

LOS BLOGUEROS PRESCINDIBLES

El periodismo cubano tiene grandes problemas que no descubrió Harold Cárdenas y que mal se expresan en el batido de incoherencias que publica en La Joven Cuba. En el último Congreso, en los plenos sucesivos y en todas las reuniones de los profesionales de la prensa, se ha evaluado críticamente el sector y se ha clamado por una política de comunicación que actualice el modelo de gestión de los medios, establezca las reglas del juego con las fuentes y favorezca el mejoramiento de la infraestructura y la retribución en el sector.

Pero hay un gran problema que también se ha debatido y soslaya Harold. Junto con las carencias acumuladas –y beneficiándose oportunistamente de ellas- han reaparecido en Cuba, como el marabú, innumerables medios privados que medran con las penurias del sector, explotan al talento formado por la Revolución y canalizan salarios, becas, recepciones y viajes para el grupito de los más chillones en el coro que le canta casi exclusivamente a las desgracias nacionales y juegan al tiro al blanco contra el Partido. Una casta que vive del diagnóstico apocalíptico, es cortejada por la Embajada de los Estados Unidos y pesca lo que puede en los mares procelosos de las subvenciones para “dinamizar” el sector privado en Cuba.

El colmo de la desfachatez es que gente como esta se erija en defensa de los periodistas, mientras intenta contribuir a la desaparición de la prensa pública y se toca mensualmente con un salario diez veces superior al de un auténtico profesional de los medios en Cuba.

Si repugnante es el que vive quejándose de todo sin hacer nada por los demás –y el que no se queja ni hace nada-, lo es más el que exhibe interesadamente y retoza con los problemas de los cubanos.Mientras existan periodistas imprescindibles que siguen creyendo en los medios públicos, es totalmente prescindible la hipocresía de un bloguero como Harold. Debería pensarlo más antes de meter sus narices en asuntos donde a él no solo no le importa la solución porque se le acabaría su negocio, sino que él es parte del problema que habrá que resolver en el futuro del periodismo en Cuba socialista.

MALAS COMPARACIONES

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La comparación es una acción tan cotidiana como lo es el comentario o la duda. Casi todo el tiempo solemos comparar cosas, datos, personas, épocas, modas e infinidad de aspectos de la vida y la sociedad; sin embargo, se comete el error a veces de equiparar aspectos sin tomar en cuenta elementos de rigor y es este el caso de quienes a menudo pretenden comparar a Cuba, país pequeño, bloqueado y del tercer mundo, nada menos que con Estados Unidos u otras potencias casi siempre de la vieja Europa.
En lo personal pocas veces por no decir nunca, he oído comparaciones de Cuba con República Dominicana, con Honduras, Guatemala , Haití u otros decenas de estados que se aproximen a nuestra condición económica, geográfica o climática. Es como si culpásemos a una bombilla de no tener la potencia del sol.
Es cotidiano encontrar a algún cubano o cubana que con pasmosa tranquilidad te hable de los “grandiosos salarios” que paga el estado del norte o de la calidad de sus autos, de sus rascacielos o de sus repletas avenidas y acto seguido pongan en esa balanza desproporcionada las dificultades de Cuba en esos y otros muchos campos. Es sin lugar a dudas, como reza el adagio criollo: Una pelea de león pá mono y con el mono dormido.

LO QUE NO VEO

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“ Tengo a mi izquierda una ventana y eso basta” , es el verso inicial de un poema (https://ventanacubana.wordpress.com/2012/09/13/mi-ventana/) que hace algunos años escribí para mi Blog, como un pequeño elogio a la magnífica ventana junto a la cual he trabajado durante los últimos 13 años de mi vida; antes y como encabezado o prólogo de las cosas que publicaría en mi espacio digital , había redactado una breve descripción del paisaje que puedo ver al otro lado del vidrio y allí describí lo evidente, lo común, “ la vida en la que tomo parte” (https://ventanacubana.wordpress.com/2012/09/13/prologo-de-un-principiante/) .
Meses atrás una amiga me ha sugerido que tal vez sería bueno hablar de las cosas que no veo desde la ventana, pero que también me han acompañado por todos estos meses y creo que es una buena idea, si tenemos en cuenta que a veces lo invisible tiene tanto valor como lo tangible.
Después de mirar atentamente cada día y escrutar las avenidas y espacios públicos a los cuales tengo acceso desde este magnífico mirador, puedo asegurar que desde mi ventana no veo un solo niño apresurarse a limpiar el parabrisas de un auto en espera de alguna moneda; no he visto, por más que he mirado, un solo policía reprimiendo a la gente, con chorros de agua, con perros, con balas de goma. Jamás vi algún padre recorrer la calle y pedir repleto de angustia la ayuda económica que salve a su hijo, postrado en el lecho, pendiente de un gesto que lo lleve al quirófano.
Nunca vi maestros protestar airosos porque les cerraron de pronto la escuela; ni escuché disparos sacudir la vía en medio de asaltos o pleitos de pandillas.
No creo que en el mundo, dispar y revuelto donde ahora vivimos, tengan muchos sitios donde yo pudiera poner mi ventana y siguiera mirando el mismo paisaje.

OZONO CULTURAL

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La cubanía es para la patria, lo que el ozono para el planeta. Debilitarla es arriesgado y suicida, porque  las grietas diminutas que aparezcan terminarán por convertirse en poderosos agujeros difíciles de subsanar y causantes de secuelas dolorosas.

Lamentablemente, como pequeñas (y a veces no tan pequeñas) señales, saltan por acá y por allá, actitudes y hechos que dañan nuestro “ozono cultural”; ahora puede que sean fisuras leves, inicios de un mal, pero si no las enfrentamos con inteligencia, terminarán por abrirnos potentes brechas por donde han de entrar con prisa las barras y las estrellas.

A veces por inocencia imperdonable o por intenciones bien estructuradas, pasan ante nuestros ojos destellos que apuntan a un desmantelamiento de costumbres, legados y raíces que forman parte esencial de la nacionalidad. El uso de banderas ajenas; fastuosas fiestas de quince, noche de brujas, navidades al más puro estilo de Hollywood, por solo citar algunas de las tendencias que progresivamente se han venido afianzando, son un aviso inequívoco de que algo anda mal.

A esta confrontación cultural nada le es ajeno, su alcance va más allá de un sector o de otro y cuando miramos con tristeza que los ídolos deportivos de nuestros niños, adolescentes y jóvenes andan más cerca del balón de futbol que del bate de beisbol, sentimos nostalgia por los tiempos de los estadios  de pelota repletos o el afán de parecerse a Antonio Muñoz, o nos viene a la mente la postura valiente de Teofilo Stevenson , rechazando una oferta que hoy muchos aprueban como opción lógica e indiscutible.

Cuando en la mesa criolla y bulliciosa del cubano, anda mejor el pavo del 25 de diciembre que el puerco asado del 31, notamos el calco peligroso de otros tiempos y otras latitudes.

Cuánta alegría nos ha dado, en medio del dolor por el desastre que el huracán Matthews causó al oriente del país, presenciar las enormes muestras de solidaridad de todo el pueblo, esos gestos de desprendimiento y bondad que han salvado tantas vidas dentro y fuera de la isla, son también signos de cubanía, ojalá que las conductas egoístas y apegadas a lo material que también andan buscando espacio en el alma de algunos, no lleguen nunca a las alturas del ozono.

ESENCIAS

 

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Si algo ha distinguido al pueblo cubano a lo largo de la historia, es la solidaridad; la capacidad asombrosa de compartir lo poco y de hacer de la amistad un acto cotidiano. El carácter desenfadado de los cubanos, su locuacidad y ese sentido del humor natural e incluso refinado; nos hacen, sin dudas, personas admirables. Es un antídoto contra los venenos del egoísmo, amuleto para espantar los odios y un escudo para evitar el choque arrollador de esa avalancha de insensibilidad que recorre el planeta.
Pero, cabe preguntarnos ¿se puede desvanecer el antídoto, quebrar el amuleto, romper el escudo? , la respuesta nos duele porque está tan cercana del “SI”, que afloran los temores de convertirnos en otros.
Lo solidario no admite ataduras o espacios achicados, cuando alguien decide encerrase en su mundo, pequeño y cómodo, dejando que sus límites no rebasen más allá del bienestar familiar o el éxito propio, está produciendo una pequeña grieta en la solidaridad colectiva, está asumiendo el “A mí qué me importa” como su respuesta permanente ante las penas o aspiraciones de toda una sociedad; de la cual, gústele o no, ha sido parte y ha recibido la cuota gratuita de beneficios, en incluso la ayuda de muchos que ahora no le importan.
Hacer que los demás no importen, es la sangre en las venas de las sociedades de consumo; la salud de ese mundo radica en que no seamos capaces de sentir pena por el prójimo, que seamos diestros en mirar a otro lado para evitar la “molestia” de ayudar al más débil.
Por las arterias de esta isla ha corrido otra sangre, la del vecino amable que nos presta su ayuda; la del chofer que para sin que algunos billetes le muevan al frenado; la del que no se aferra, como ave de rapiña, sobre el sueldo menguado de cualquier jubilado; la de los que no hacen del favor un negocio.
Cuba, necesita subir la hemoglobina de su sangre amistosa, para evitar la anemia que amenaza a este mundo.

EL PUNTO DE NO RETORNO

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El día de la graduación, cuando la vida estudiantil cesa y se abre ante todos ese silencio sobrecogedor que sucede a las tormentas, se suelen hacer muchas cosas que van siendo comunes, generación tras generación: se hace una foto colectiva, se brinda, se baila, se ríe y hasta se llora por diversos motivos y quizás como augurio de añoranzas futuras.
Pero por sobre todas estas cosas, se suele hacer algo lleno de emotividad y esperanza, se recogen las direcciones, los teléfonos, los correos y se construye una lista con la total certeza de que habrá una o muchas reuniones en los años venideros, a donde el grupo acudirá y se contarán las historias de sus vidas, de sus éxitos y fracasos; de sus planes; de sus amores o desamores.
Muchas veces el encuentro se urde, las llamadas insisten, las gestiones no cesan en busca del lugar y del mejor momento. La primera vez las cosas no salen tan mal y aunque alguno se ausenta, son tan frescas las huellas que se puede seguir la pista a los amigos y juntarlos en esa tertulia feliz de remembrabas alegres.
Pero los años pasan y la vida con sus distancias y sus azares se encarga de complicar las cosas. El encuentro siguiente se logra a duras penas; el otro es casi una reunión de dos o tres personas; luego viene el vacío, el peso de lo cotidiano como un borrón terrible sobre los viejos planes y alguna vez pensamos en volver a intentarlo pero ya no nos vemos o cruzamos saludos en las redes sociales y lloramos bajito frente a la vieja foto, de aquella muchachada con sueños y sin canas.
Alguien llama y nos cuenta, que del viejo piquete, el flaco ya no es flaco; el gordo sigue gordo pero en otras fronteras, la rubia de melena se casó con el negro de la cara ceñuda; al que estaba en la esquina, posando acuclillado, se le extinguió la vida demasiado temprano.
Y entonces descubrimos que el tiempo se ha hecho dueño de todos nuestros planes y su poder enorme se impuso sobre todos y esperamos el día en que lleguen los hijos con sus caras risueñas, mostrándonos la foto colectiva.

LOS MIEDOS

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Vivir sin miedos es tan absurdo como vivir sin oxigeno, ellos nos acechan y nos asaltan; encuentran las grietas invisibles, en los muros que algunos suponen infranqueables.

Los miedos son a veces reales y concretos o son en ocasiones hijos de las sospechas; pueden ser diminutos y fáciles de abatir como simples insectos, otros logran ser grandes y de aspecto aplastante, unos son colectivos y con matiz de pánico y están los que son propios como secretos íntimos.

Dominar esos miedos y ganarles el pleito es un reto que los humanos tienen desde su surgimiento, cuando caía la noche y el hombre primitivo no dominaba el fuego, la oscuridad profunda era el miedo mayúsculo, pero un poco después el temor sucumbía cuando el sol asomaba para tender la mano a las pobres criaturas que temblaban de frío; y así ,como un milagro, el miedo terminaba al menos por el tiempo en que duraba el día, pero a veces tememos y ante ese temor profundo no tenemos el alba que nos sirva de aliada, para espantar el susto solo estamos nosotros con los buenos consejos y las manos amigas.

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