LA NOCHE MÀS LARGA DE MI VIDA

 

Acabo de llegar de Holguín, más específicamente de Báguano, municipio donde nací y donde hoy vive  mi madre y la mayoría de  mi familia, por “Causas y Azares” de la vida, estaba allá la pasada noche del 24 de octubre y madrugada del 25; allí junto a los míos esperé y resistí la furia desgarradora de un Huracán que creció como un maleficio o un hechizo malvado de la naturaleza.

La noche se cerró envuelta en los presagios de una tormenta que se avizoraba feroz, según los últimos partes emitidos por la televisión al filo de las 8.00 PM; el ulular de los altos gajos de un algarrobo y el despeinado ir y venir de un añejo cocotero, solo eran diminutos avisos de la devastadora realidad que se viviría pasada la media noche.

Los vecinos, que habitan las casas más endebles, cargaban sus pequeños bultos hacia las viviendas de mayor confort; los ancianos con los recuerdos anclados en el “Ciclón Flora” – verdugo inolvidable en la década del 60 del pasado siglo, justamente en este mismo escenario – rascaban sus encanecidas barbas o fijaban los ojos en las techumbres que podían ser hipotéticamente llevadas por los vientos.

La media noche era un concierto de silbidos a intervalos; hojillas desprendidas; gajillos fracturados por las primeras bofetadas del meteoro; sin embargo, aún funcionaba el servicio eléctrico y millares de ojos permanecían clavados en las pantallas de los TV. La aparición del popular Doctor Rubiera, fue recibida con un silencio expectante: sus palabras arrancaron comentarios de asombro y el apretón temeroso de la frágil mano de mi anciana madre, perfectamente acida a mí con ese cariño protector, perfecto y sosegado: La noticia fue apabullante, el Huracán llegaría a tierra en el tercer grado de su categoría, un torbellino con ráfagas destructoras de unos 200 Km/h.

Al finalizar las palabras del Doctor, terminó también el fluido eléctrico, cortado oportunamente para evitar males mayores. La más profunda oscuridad lo cubrió todo; la intensidad de la lluvia fue notable; las ráfagas de viento incrementaron su fuerza. El monstruo había hincado sus fauces en la vecina provincia de Santiago de Cuba, la devastación comenzaba a surcar el centro sur del oriente cubano.

Al filo de las 2.30 AM, las embestidas del viento se convirtieron en sacudidas brutales, los altos gajos de las frondas cercanas cayeron como frutas maduras. Apenas era posible ver algo más allá de unos centímetros delante de las narices. El techo de la casa crujía con el lamento amenazante de los viejos maderos que sostienen el zinc. El traquido proveniente de los árboles y los olores a madera recién talada, eran muestra inequívoca del arrasamiento que se estaba produciendo.

A las 4.30 AM (después de casi cuatro horas continuas de estupor) pude sintonizar, a través de la radio en el teléfono móvil, el parte que a esa hora se emitía desde el centro de pronósticos del Instituto de Meteorología. Las noticias no eran buenas, a pesar de su avance por tierra, el ciclón no se debilitó, las heridas causadas en su “fuselaje” por las altas montañas de la Sierra Maestra, solo constituyeron mellas diminutas.

Ese fue el momento de mayor tensión; la velocidad de las rachas superó ampliamente los 140 Km/h; nos refugiamos bajo la puerta que accede a la calle, ante la amenaza de que toda la cubierta fuese levantada por los aires; con la débil luz del celular alcanzamos a ver las aguas próximas de un arroyo desbordado de sus añejos causes; pesados gajos caían como copos deformes de una ventisca extraña; manotazos de lluvia se batían frenéticos contra paredes y techo; los nervios de mi madre en punto extremo;la mirada ceñuda de mi hermano; el mutismo vociferante de mi cuñada, el abrazo a mamá, la humedad en las ropas y en el alma.

Casi a las 6.00 AM la tempestad cedió, el enfurecido viento siguió asechando pero ya era un ejército en retirada, un animal que marcha en busca de otras víctimas.

Cerca de las 7.00 AM y con un poco más de calma, la luz quebradiza de una mañana incierta fue dibujando, como pincel terrible, el cuadro de un desastre, en él los protagonistas: vecinos consternados por sus sembradíos desechos; manos sobre el rostro que llora el derrumbe de un hogar construido con supremo esfuerzo; caras nubladas a causa de la preocupación por la familia distante de la cual nada se sabe; asombro en niños que jamás vieron algo parecido.

De inmediato, y en ausencia de las luces naturales, otras hogueras se prendieron con esa fuerza que ilumina  a los cubanos: grupos de vecinos y autoridades locales en rápida hermandad con los más afectados; el café caliente y reparador, colado para todos donde los fogones resultaron ilesos; urgente preocupación general por asistir a quienes la furia natural los privó de todo.

En la tarde, salí rumbo a La Habana, allá quedaron las manos laboriosas de un pueblo que sabrá levantarse, personas que se saben acompañadas, que enfrentarán días muy duros con la convicción de que seguirán adelante y no quedarán desamparadas.

 

 

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Publicado el 26/10/2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. PIM, que horrible noche debieron pasar tú y los tuyos. Es una suerte que todos estén bien, yo estoy muy trastornada con las imágenes de devastación en Santiago.

  2. Yaira y Santiesteban

    Nene, somos Yaira y Santiesteban. Hace mucho estábamos por escribirte y ahora leyendo La noche más larga de mi vida, decidimos hacerlo. Nos alegramos que los tuyos estén bien. Nosostros llamamos a Holguín y a Bayamo, por suerte, todos están bien. Te cuento que muchos cubanos aquí y franceses nos han llamado preoupados por sus familias y amigos, pero sobre todo para contribuir en los que haga falta. Eso nos satisface mucho. Cuídate, seguimos leyendo tus crónicas, en especial Santiesteban que se ríe a carcajadas con cada uno de tus ocurrencias. Nos vemos pronto.

  3. Sarays Figueiras

    Siempre agradezco la posibilidad de leerte. Es muy duro el golpe recibido, pero también es grande la fuerza de la solidaridad y la confianza en La Revolución. Saldrán adelante los compariotas que han sentido en carne propia los impactos de Sandy, todos unidos avanzaremos seguros de la victoria.

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