Archivos Mensuales: septiembre 2012

UNA FOTO Y FALTAN CINCO….

Hace solo unos días, el pasado 23 de agosto, la UJC le entregó su moneda conmemorativa por el 50 Aniversario de esta Organización, al Héroe de la República de Cuba Orlando Cardoso Villavicencio, justamente cuando se cumplieron 24 años de su excarcelación después de haber Lee el resto de esta entrada

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Crónicas del Pueblo Viejo (II Parte)

LA CASA DEL FOTÓGRAFO

Ahora parece muy común eso de estar fotografiándose en cualquier parte y encontrar con facilidad a un amigo o familiar que tenga una cámara digital. Antes, en mi pueblo, tomarse una foto era acontecimiento especial y reservado para ocasiones que ameritaban tal distinción. Lee el resto de esta entrada

EL PARADIGMA DE LAS DAMAS DEL DINERO

 

En días pasados, Laura Labrada hija de la Laura Pollán. Labrada, contrarrevolucionaria fallecida recientemente, dijo a la AFP (según el Diario EL COMERCIO, en su sitio ELComercio,com), que más de 150 personas asediaron la sede del grupo mercenario “Damas de Balnco”, en el barrio Centro Habana, intentando impedir que las integrantes de la asociación salieran a un servicio religioso en la Iglesia de la Merced, en La Habana Vieja. Asegurando que no obstante algunas de ellas lograron asistir a una misa en la Iglesia del Carmen, para rendir tributo a “sus mártires” y recordar el cumpleaños de Jorge Más Canosa, el fallecido presidente de la Fundación Nacional Cubanoamericana, con sede en Miami, Florida.

Tal información refuerza la ya declarada filiación de estas supuestas luchadoras por la libertad en Cuba, a las organizaciones terroristas que han atentado contra nuestro pueblo a lo largo de estos años. ¿Puede algún cubano, solidarizarse y brindar reconocimiento a estas mujeres que olvidando el dolor causado por el terrorismo a miles de nuestras familias, rinden tributo a quienes lo promueven o lo promovieron?

Acaso ellas ignoran que Jorge Más Canosa participó activamente en la fuga del Luís Posada Carriles de la cárcel venezolana donde estaba recluido después del horrendo crimen de Barbados; pretenden que los cubanos olvidemos que ese señor (Más Canosa) planeó numerosas acciones encaminadas a sembrar pánico, muerte y destrucción en nuestra patria ,y que la Organización que el gestó FNCA (nutrida por testaferros del dictador Fulgencio Batista) dio riendas sueltas a su entusiasmo ante los sabotajes con bombas en hoteles habaneros durante el 1997.

Solo la búsqueda desesperada del dinero que reciben a cambio de sus actos, hace posible semejante dislate, imaginen ustedes a un grupo de mujeres en pleno corazón de New York , pujando por asistir a los festejos por el aniversario de Osma Bin Laden, en nombre de su lucha por la libertad de los Estados Unidos.

LIUDMILA, NI MISTERIOS, NI TRUENOS.

Liudmila, la Primera Secretaria de la UJC Nacional termina su mandato después de tres años al frente de esta Organización, concluye su etapa de trabajo con entera naturalidad y apego a las políticas trazadas por el Partido, para el tránsito de nuestros dirigentes de una a otra tarea; en uno o en otro lugar.

La culminación de su responsabilidad  no obedece a causas “Misteriosas” o a “Pases de cuentas”, como de inmediato se apresuraron a especular los medios de prensa al servicio de la mentira contra Cuba o los mercenarios que hacen fortuna a costa de la manipulación y la falsedad (véase el documental trasmitido a noche por la TV Cubana y saque sus propias conclusiones).

Liudmila; una joven sencilla, que se lleva como premio en la mochila la satisfacción de haber trabajado bastante para cumplir con su deber, seguirá al servicio de la Revolución en cualquier otro lugar donde se precise su esfuerzo, con idéntica alegría y orgullo de pertenecer a esta generación que apuesta por mejorar el futuro desde un  presente comprometido, en la trinchera de los que a sabiendas de nuestros problemas, confiamos en la Revolución como proceso capaz de salvar enormes obstáculos y seguir adelante.

En cuanto a la Unión de Jóvenes Comunistas, nadie debe albergar la menor duda  de que sus filas son cantera inagotable de hombres y mujeres, en cuyos hombros descansará sin titubeos el futuro de Cuba.

Crónicas del Pueblo Viejo (I Parte)

I.

FUNERALES Y FUNERARIA

Durante los primeros años de mi vida en el pueblo no hubo Funeraria, esta se construyó después, cuando yo abandonaba la primera etapa de la niñez. Antes, los muertos se velaron en las casas, lo cual junto al doloroso momento propio de ese tipo de ceremonia, constituía motivo de Lee el resto de esta entrada

CLAVE DE AMOR

Noche lluviosa desde el vidrio del ómnibus:

Las gotas de lluvia trazaban un mapa melancólico sobre el vidrio de la ventanilla, el anciano no lo percibía; apenas si lo notaba, su mente estaba en otra parte, tejiendo remembranzas entre cerezos recién florecidos y destellos de sol sobre los guayabales. Lee el resto de esta entrada

EL VENENO DE LA DESIDIA

Dice el concepto básico que define esta palabra, que Desidia es negligencia, falta de cuidado y de interés. En algunas otras partes se dice, ya un poco más etimológicamente, que es un abandono que acaba denotando pereza. Lo cierto es que de una forma o de otra, su presencia en el entorno social donde nos desempeñamos ha ganado un peligroso y lamentable auge, infiltrándose como una enfermedad lenta y maligna en los ganglios de la vida cotidiana.

No cuesta mucho esfuerzo tropezar con esa calamidad en nuestro día a día e incluso muchos de nosotros una que otra vez puede que la hayamos tomado del brazo con mayor o menor fuerza, porque la desidia asoma su oreja peluda en muchas partes: en el desgano de quienes deben ser ágiles y eficientes a la hora de atendernos cuando tramitamos algún asunto o cuando compramos una sencilla mercancía, y muestran esa indiferencia dolorosa que les impide el más pequeño de los gestos amables o la mínima preocupación por dejarnos satisfechos.

La desidia florece en la basura que se amontona frente a un establecimiento de servicio o centro de trabajo y permanece allí, a la vista de todos, saltada o esquivada, “invisible” y perpetua; la desidia navega en esos salideros de aguas limpias o sucias que de tanto rodar han labrado ya un cause y se burlan día y noche de quienes cruzan sobre ellos mojando de impotencia sus zapatos; la desidia salta de los autos y de los transeúntes junto a la lata vacía, el pote usado y el papel deshecho, que caen sin el menor recato el plena calle para dolor de los que sueñan con una ciudad más limpia y ordenada.

La desidia triunfa sobre los maestros que permanecen impasibles  ante el uniforme desaliñado de sus alumnos; ante los muebles descuidados y rotos en cualquier salón de espera; ante los baños precarios de los lugares públicos; ante el viejo cartel que anuncia el evento pasado; ante la puerta cerrada del lugar que debe abrir con respeto a un horario.

La amenaza que esta forma de actuar entraña para nuestro proyecto social es considerable, pues detrás de sus pesadas cortinas ensayan sus actos otros actores negativos que poco a poco salen a escena, entre ellos el irrespeto por las normas de convivencia, la insensibilidad, la falta de profesionalidad y la obnubilación de los sentidos ante lo feo, lo sucio y chapucero.

La desidia es una aliada insuperable del pesimismo y de los que se contentan con el éxito diminuto de sus propias vidas, pretendiendo que puertas afuera de sus  casas la vida es un caos que no merece orden.

Personas e instituciones tenemos grandes responsabilidades en luchar contra esa lacra del comportamiento humano, no debemos ser indiferentes a lo que ocurre, pues acarreamos el riesgo de ver caer en saco vacío una gran parte del esfuerzo que hace el país por salir adelante.

POLVO DE ESTRELLA

Me han traído tierra de la higuera

del sitio remoto donde lo sepultaron.

Una pequeña bolsa la retiene en mi mesa.

Todo lo demás se ha tornado minúsculo:

El bulto de papeles cotidianos;

las plumas, los relojes,

que han seguido su marcha a pesar de su ausencia;

Las tareas pendientes;

Mis notas cuestionando la falta de domingos

para irme a la playa o a jugar con mis hijas.

A veces tomo la bolsita entre las manos

y siento el peso imaginario de su cuerpo

marchando hacia lo eterno.

LA PROMESA

                         

Aquella tarde, Jenaro apareció por el camino polvoriento, con su paso calmoso y su sombrero raído. Desde hacía muchos años él era el único buhonero que visitaba el pueblito; caserío diminuto sembrado en el corazón de inmensos cañaverales. Las visitas del vendedor de cacharros eran tributo a un gran amor que tuvo, por allá donde había un río que el tiempo secó, dicen que era una mujer hermosa a quien la muerte se llevó temprano, en medio de los letargos causados por la fiebre.

Ella le había pedido a Jenaro que la llevara a conocer el mar y el pobre hombre nunca la complació, esperando tiempos mejores. Después de su muerte, el viejo siguió viniendo año tras año y luego de vender un poco de sus cosas, se iba hasta la tumba en el cauce vacío y allí permanecía largo rato.

Pero en esta ocasión era una persona distinta, parecía ignorar a los demás que acudían a su encuentro. Llevaba un fardo que le doblaba las rodillas, el peso lo hacía detenerse para recuperar la respiración y entonces acomodaba su carga con cuidado sobre el suelo, se quitaba el sombrero y secaba su frente.

Una y otra vez repetía esta operación. Las personas lo observaban con cierto asombro y notaban algo extraño en su comportamiento. No pregonaba y miraba con insistencia hacia el camino dejado atrás, como si temiera la aparición de alguien. Una turba de chicos saltaban a su alrededor y el viejo maldecía aquella impertinencia que le cortaba el paso.

En la medida que se fue adentrando por la única calle del lugar, los motivos para sentir curiosidad fueron aumentando. A su paso el aire se cargaba de un olor extraño, se volvía denso y pegajoso. Las viejas aldabas de los portones se cubrieron de herrumbre. Los gatos acudían trastornados por el fuerte olor a pescado que rodeaba a Jenaro y un murmullo sordo brotaba de su morral.

Los vecinos lo seguían a distancia y especulaban sobre aquellos acontecimientos. Suponían que esta vez el buhonero se había metido en líos y por eso estaba así, tan espantado y receloso, con el temor que acompaña a los que roban algo importante. Para colmo de asombros, juntos a las aves que hacían su vuelo de rutina sobre los  cañaverales, apareció un bando de gaviotas.

Después, cuando Jenaro se internó en las malezas donde reposaban los restos de su antiguo amor, todo quedó envuelto en un fresco inusitado que venía como aliento misterioso desde el monte.

Esa noche muchos soñaron con imágenes desconocidas: arenales, albatros y conchas, surgían en las pesadillas más diversas. Al amanecer pasaron unos guardias a caballo, hombres de la costa que perseguían ladrones; fueron directo al matorral donde Jenaro había pasado la noche y al rato se les vio salir llevando al viejo con las manos atadas; iba sonriente y sin su pesado zurrón, nadie pudo interceder por el desgraciado, sólo siguieron la escena con la vista y rogaron por su suerte.

Cuando el sol se hizo fuerte y disipó las nieblas, una explosión de asombro recorrió el caserío. Allá, en el  lecho del río seco, donde alguna vez el buhonero enterró a su amada, movía sus olas un increíble pedazo de mar.

QUÉ PASÓ CON LA PALABRA “COMPAÑERO”

 

 

Cuando yo era niño y luego cuando ya no lo era tanto, resultaba común el uso generalizado de la palabra compañero o compañera, según el caso. Esta expresión cordial y proletaria se había afianzado en el acervo popular del cubano, como uno de los frutos nacidos al calor del proceso revolucionario y devino en forma casi exclusiva para dirigirnos a una u otra persona de la cual lógicamente no conocíamos el nombre.

El origen de su empleo estuvo en el empeño que puso la Revolución triunfante por dejar atrás las desigualdades entre las diversas capas sociales que conformaban la Cuba de antes de 1959 y con esto se buscaba un trato más familiar e igualitario; en el sueño un poco utópico, pero bienintencionado, de que todos debíamos y teníamos que ser tratados con similar respeto sin importar el rango o poder económico de la persona.

Esta nueva forma de interacción entre los cubanos tenía también la intención de diferenciarnos del sistema capitalista del cual nos habíamos sacudido a fuerza de una larga y heroica lucha y en el cual “Señor o Señora” tenían, además de su connotación natural desde el punto de vista lingüístico, un sesgo que los situaba como etiquetas para ponderar a los de más alta jerarquía monetaria y política.

Por mucho tiempo fue completamente común y general el uso de la palabra “Compañero(a)”, tanto en los discursos, como en los medios de información, o simplemente para pedir permiso transitando por la acera o para encabezar una sencilla pregunta en una calle cualquiera de mi país; sin embargo, desde hace algunos años la situación ha ido cambiando y es muy común que se nos trate de señor o señora en numerosos sitios donde nos desempeñamos, algo que también se ha extendido a espacios televisivos o radiales donde múltiples entrevistados o invitados suelen dedicar palabras, reclamos o elogios a tal o más cual señor o señora que guardan relación con su vida o con su obra.

En el plano común del día a día sucede algo por el estilo, y la familiar palabra “Compañero (a)” que tanta relación guarda con la forma solidaria y colectivista del cubano- esa forma que no debemos dejar morir en brazos de los egoísmos que ahora florecen- pierde terreno en el vocabulario de las nuevas y no tan nuevas generaciones, que quizás equivocadamente la asocian con algún igualitarismo mal concebido o ven en ella algo del pasado que la moda cambia al mismo estilo de otras costumbres.

En mi opinión, el desuso de la palabra de marras tiene puntos de contacto con otras tendencias que han empezado a florecer, fertilizadas por la avalancha de influencias seudo culturales y ajenas a un proyecto social que pretendemos y aspiramos a que sea diferente, sin olvidar el enorme peso que tienen los influjos foráneos.

No creo que haber generalizado el uso de este vocablo tenga algo de reprochable y mucho menos me parece adecuado dejarle morir o encasillarlo como término oficial, o como modo obligado para referirnos a funcionarios públicos, en su esencia está la manera fraterna que nos hace sentirnos más cercanos y a pesar de los pesares, esa sencilla palabra seguirá siendo el antídoto contra posibles olvidos. Recordémosla al estilo de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén en su conocido poema Tengo:

“ (…) tengo el gusto de ir

(es un ejemplo)

a un banco y hablar con el administrador,

no en inglés,

no en señor,

sino decirle compañero como se dice en español”

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